lunes, 28 de mayo de 2012

VUELO


VUELO

Desplegó las alas y con movimientos torpes se elevó, evitó golpearse con las ramas de tantas plantas que inundaban el patio. Pronto cobró altura en el mediodía diáfano, aprovechando la suave corriente de aire se dejó llevar a lo más alto, donde el sol golpeaba sus plumas, pero el aire absolutamente transparente permitía su visión a gran distancia.
            A lo lejos, rompiendo la verde llanura, se podía divisar las edificaciones de Calotmul, que le mostraban el buen camino. El viento desviaba su vuelo hacia el oeste, obligando a corregir para encontrar su objetivo antes de las casetas de peaje de Piste. Allí, donde paran los que van por la carretera 180, esperaban sicarios a su víctima. Debía evitarlo.
            Llegó a tiempo, vio el Ford escort rodando desde el este. Detenerlo no sería fácil. Siguió volando sobre la zona, buscando el mejor lugar para quitarlo de la ruta. Al costado de la carretera se abría paso el acceso a San Francisco Grande. En ése caserío podrá encontrar refugio, pensó. Ya sin más, se lanzó sobre el automóvil, impactando con violencia sobre el parabrisas. La conductora, presa del pánico, perdió el control sobre el vehículo, volcando más allá de la banquina. Voló en círculos hasta asegurarse que venían a rescatar a la mujer golpeada. La sintió moverse, y que gente del pueblito corría a socorrerla. Todo estaría bien.
            Se dejó llevar al poniente por la fuerte brisa. Pudo ver los matones esperando ansiosos. Hoy no, pensó. Giró con suavidad hacia el norte de regreso a su hogar. El verde parecía más verde, el sol más cálido, la vida más sonora.
            Lento se dejó caer, atenuando la velocidad con sus alas desplegadas, la arboleda se abría a su paso, hasta posar con algo de torpeza sus patas contra el suelo. Con duros movimientos recuperó su aspecto de señora mayor. Acomodó su vistoso vestido, y a pasos cadenciosos, que mostraban su dificultad para caminar, se dirigió a regar las orquídeas. Hoy no las he controlado todavía, pensó, mientras frotaba con sus manos los doloridos brazos.

©Luis Héctor Gerbaldo

lunes, 16 de abril de 2012

LA NIÑA FRENTE AL BEDOYA


LA NIÑA FRENTE AL BEDOYA

Mira la niña la escalinata del Bedoya
mira con impaciencia.
Espera la salida del griterío blanco
sonríe con la risa de los chicos
sonríe con el abrazo de sus padres.
Añora el guardapolvo tableado
y el portafolios cargado.
Mira esa multitud de alumnos
miles más que en su escuela,
aquella rural donde a duras penas
alcanzó el primer superior.
Parece tan lejos ese tiempo
solo pasaron cinco o seis años.
Le gusta verlos salir gritando,
agitando sus portafolios.
Quisiera estar allí, correr por esas escaleras
pero siente sobre su frente
el hierro de la reja que la retiene.
Mira la niña la escalinata del Bedoya
sonríe con la risa de los chicos
que se encuentran con sus padres.
Ella no va a la escuela
ni tiene padres que la esperen,
su madre murió siendo pequeña
su padre sentado a la mesa.
Mira la niña la escalinata de la escuela.
Los años pasan y la niña ya no es niña
los chicos siguen corriendo por esa escalinata
ahora con mochilas y celulares en la mano.
La niña no puede verlos
hoy es una anciana.
La niña los sigue mirando
con la frente apoyada
en la reja de sus ochenta y tres años.
La niña todavía añora los guardapolvos
y los pesados portafolios.
La niña fue madre, viuda y abuela,
la niña le ganó a la muerte mil veces,
pero la huesuda no se deja vencer sin daño,
la niña siente el dolor de sus heridas,
se deja en su silla de todos los días,
olvida el bastón a un lado,
mira por la ventana
a través de estas rejas,
distintas a aquellas de la casa de su tía
pero mira a través de ellas,
ve en sus recuerdos
la escalinata del Bedoya,
todavía quisiera bajar por ellas corriendo
riendo con los otros niños
la niña ya no ríe.
La niña llora.

Luis Héctor Gerbaldo©

La escuela José M. Bedoya se erige, en el barrio San Vicente de la ciudad de Córdoba, como uno de los establecimientos más tradicionales de la educación primaria pública. Si bien su edificio actual, fue Inaugurado el 29 de abril de 1914 por el gobernador Dr. Ramón J. Cárcano, sus orígenes se remontan unos años antes por iniciativa de distintos vecinos de la zona.

viernes, 6 de abril de 2012

DIARIA CATARSIS


DIARIA CATARSIS

Desayunó leyendo el diario
como todos los días.
Comentó con su vecino
la inseguridad cotidiana
como todos los días.
Realizó sus tareas diarias
dando a cada paso pruebas de su honestidad
como todos los días.
Confirmó que sus hijos estuvieran bien
que no les faltara nada
como todos los días.
Beso a su mujer amorosamente
como todos los días.
Se durmió
como todos los días.
Soñó
como todos los días.
Soñó que estaba al frente de una sangrienta batalla
que mataba y mutilaba sin piedad.
Soñó que engañaba y abusaba de sus inferiores.
Soñó que gozaba con la mujer más voluptuosa
engañando a la más hermosa.
Soñó que era ruin
y que lo disfrutaba.
Soñó
como todos los días.

sábado, 24 de marzo de 2012

BOLTON NO ESTA TAN LEJOS

A MENÉNDEZ


BOLTON NO ESTA TAN LEJOS

-        General, no sé si usted se percató, pero ya son cerca de las diez treinta. Usted nunca se retira a su habitación tan tarde en la noche.
-        Esta noche no tengo sueño, prefiero quedarme aquí. No dejes apagar el fuego de la chimenea.
-        Debo insistir. El doctor…
-        ¿Desde cuándo discutís mis órdenes, Gutiérrez?- la voz, firme y apacible a la vez, se diluyó entre los paneles de madera que recubrían las paredes, al tiempo que la puerta se deslizaba suave tras la salida del valet.
Cuando la soledad dio su santo y seña de silencio, el viejo dejó el libro “Facundo” a un costado del escritorio. Extrajo una pequeña llave del bolsillo del pantalón para abrir el cajón más grande del escritorio, sacó un sobre marrón que llegó desde Argentina en la mañana. Puntual, cada jueves, desde hace varias décadas recibía el mismo informe. Hojas blancas sin membrete cubiertas de datos, listados, fotos. Inesperadamente la tecnología fue salvando las deficiencias de su ancianidad, y la cada vez menor cadena de recursos humanos. Los listados dejaron de ser mecanografiados para dar lugar a papel impreso, cada vez de mejor calidad, con menos errores. Las fotos en papel brillante, obtenidas con máquinas de rollo celuloide dieron paso a las satelitales, de mejor calidad y abarcando más superficie. Con lentos movimientos sacó carpetas que tenían los listados anteriores, comparaba, hacía anotaciones, tomaba nota de recortes de diarios que también le enviaban, tachaba nombres de la lista, los agregaba a mano en la columna que estaba titulada “fugados”.
-        ¿Se le escapó otro más, general? ­-la voz sin vida venía del sillón vecino a la chimenea.
-        Llegaste, te esperaba -siempre en tono firme, de mando.
-        No mienta general. Usted no espera a nadie. Usted ordena.
-        Este cuerpo no soporta otro pase de revista, estoy listo para ir con vos.
-        No estoy encargado en buscarlo general, hoy mi trabajo es otro.
-        No me vengas con palabrería. Te conozco, sos el barquero, no hay otro trabajo para vos.
-        Usted complicó todo general, no nos deja hacer nuestro trabajo. Hace cuarenta años que debimos llevar a todas esas almas que tiene listadas, pero usted no nos deja.
En esas horas Bolton era poco menos que una urbanización dormida. Esta tranquilidad fue determinante para que el general sentara sus bases allí, a pesar de estar cerca de Manchester. No le simpatizaba morir en suelo inglés, pero luego de los años que pasó en la cárcel, no quería estar a merced de tanto subversivo con poder nuevo.
-        No sé de qué me hablas. Vine a este maldito suelo inglés para que me dejen tranquilo.
-        General, por favor. Usted aceptó este tranquilo refugio para seguir siendo carcelero de todas esas almas.
-        Me hablas de almas, de eso te encargas vos, yo ya hice mi trabajo, gané una guerra.
-        General, mientras sean desaparecidos, ni vivos, ni muertos, solo gente que no está -la voz detuvo su discurso un momento -así los definió su camarada Videla.
-        El general no es mi camarada, es mi superior.
-        Como sea. Mientras todas esas almas sigan así, desaparecidas, no podemos realizar nuestro trabajo. Vera usted que cada tanto logran quitar nombres a la lista.
-        Si, lo veo -dejo escapar apenas perceptible.
-        Bolton no esta tan lejos. Algún día encontrarán esos sobres con las fotos satelitales, con los recuentos por centros de detención, con los destinos de cada uno de esos nombres. La tecnología le está ayudando, pero también les ayuda a ellos. No habrá lugar en el mundo para esconder tanto documento.
El general fijó la vista en la empuñadura de su bastón, lo odiaba, cada paso con su ayuda era un recordatorio de su decadencia. Su hora estaba llegando. Ya podría descansar.
-        Estoy viejo, pronto moriré y todo esto se va conmigo.
-        Bueno, veo que llegamos al punto general. Como podrá apreciar, nosotros al igual que ustedes, tenemos ciertas normas, pasos que debemos cumplir antes de completar nuestro trabajo, de barquero, como gusta usted decir -la voz casi monótona no reparaba en los muecas de fastidio del general- Entre esas reglas está el avisarle que su partida no será un descanso. Pronto su cuerpo no estará en condiciones de ser habitado, pero usted seguirá aquí, controlando esas listas, hasta que el último desaparecido deje esa condición. Será carcelero por siempre -en un cambio de tono le preguntó- ¿recuerda usted a Sísifo?
La anciana mente del general ya era un atolladero de ideas: debo estar loco, esto no está sucediendo, Sísifo es una invención, no seré carcelero eterno, tengo derecho a mi muerte, no soy un desaparecido.
-        Bien pensado general. O podemos decir: en ese concepto se equivoca general. Usted es un desaparecido.
-        No lo soy, soy un exilado.
-        General. Usted escapó de su país. ¿Porqué no lo buscan aquí? ¿Aquellos que saben su paradero, lo harán saber? ¿Se expondrán a que se encuentre toda esa documentación? Usted ya es un desaparecido, no tiene contacto con su familia, no saben dónde vive, no tiene amigos. Nadie, excepto quienes son responsables por usted, sabe dónde respira sus últimos días. Nadie, excepto ellos, sabrá el destino de sus restos. ¿No le recuerda nada? ¿No ve alguna similitud con la situación de otros?
El general perdió el control, gritó, insultó a esa voz que venía a condenarlo, él no era un desaparecido, era un soldado cumpliendo con su deber. Gritó hasta que la desazón lo invadió, la voz ya no estaba presente. El general había caído en su propia trampa.

martes, 21 de febrero de 2012

NO ME HACEN CASO


No me hacen caso.

Será, quizás, por la composición del suelo algo rocosa, u otra condición física que impermeabiliza la tierra de aquí, no podría asegurarlo, pero sí puedo decir con certeza que con cada Murillo que abandonaba el pueblo, desde la casa de alto donde vivieron siempre, se formaba un hilo de agua que bajaba buscando el río. Digo agua pero era tristeza. Sí. Tristeza que fluía dejando una marca oscura en el polvo que apenas humedecía a su paso. Ese líquido concentraba tanto dolor, que si alguna planta estaba en su camino perdía su brillo, sus flores se volvían al suelo evitando la luz. Los pájaros de por aquí, horneros, benteveos, palomas, gorriones, evitaban picotear en su barro ya conocedores de las consecuencias. Alguna vez pude ver un hornero que con el pico cargado de barro, que usa para construir su casa-nido, había quedado como abochornado, apenas se movía, mientras la pareja aleteaba a su alrededor intentando sacarlo de ese trance. Sí, era tristeza que corría siguiendo la pendiente del camino. Sucedía con el partir de cada uno de los hijos de Enrique Murillo. El primero fue Fernando, que partió a la capital, aburrido de – este pueblo de mierda- como dijo mientras subía al ómnibus. Luego Eugenio, Marisa, Luisa y Eusebio. Cada uno con motivos diferentes, pero todos se fueron, y con cada partida otra vez corría el hilo de tristeza. Con el tiempo Enrique dejó este mundo por voluntad propia, se dejó ir. Cuando fui a darle el pésame a la viuda, ya el pequeño cauce de tristeza bajaba desde el alto. Allí estaba, parada al lado del cajón, sin hablar. El piso a su alrededor estaba húmedo, y un fino hilo de agua corría hacia la puerta de salida. Eran sus lágrimas, esas que siempre vertió con cada abandono, esas que brotaban de sus ojos color verde agua.  – No llore- le dije tiernamente. – No quiero llorar m’hijo, pero ellas -señalando sus lágrimas- no me hacen caso.


© Luis Héctor Gerbaldo

viernes, 27 de enero de 2012

DEBÍ HACERLO, PERO NO

Debí hacerlo, pero no.

Debí besarte esa noche,
tomar tus manos,
mirar en lo profundo de tus ojos,
sentir tus latidos
calando el centro de mi pecho,
esperar el amanecer
con tu sabor en mi boca.

No estás ya a mi lado
y  no puedo extrañarte
ya que mis manos no saben de tu piel
o mis besos de tus labios de miel.
Tus ojos lacerantes
una y otra vez me dicen
que lo debí hacer. 





©Luis Héctor Gerbaldo


sábado, 7 de enero de 2012

MORTALIDAD

Mortalidad

Dios miró con tristeza a la última mujer. Ella, por el contrario, sabiéndose la última gritó con todo el odio aflorando de su pecho -¡No creo en ti!- Dios, ya sin poder para evitarlo, se diluyó en la nada.

©Luis Héctor Gerbaldo

martes, 13 de diciembre de 2011

TIRA MI DIARIO

Tira mi diario

Tira mi diario a la boca del mar,
que se lo trague el infierno,
que el fuego calcine sus hojas,
papeles manchados
que lastiman de ausencia,
demasiado tengo con tu perfume
que no deja de envolverme,
o el tacto suave de tu piel
que no abandona mis dedos.
Sí, no quiero más
compartir mi soledad con el hastío,
o sentir deseos
que antes que tarde
se los lleva el río.
Estoy cansado de tu cobardía,
de tu presencia impalpable,
de escribir las veces
que no pude tomarte.
Pero ya esta bien,
tira mi diario sin dudar,
que ya no eres ni recuerdo
ni lágrimas
ni tan siquiera, un olvido.

© Luis Héctor Gerbaldo

viernes, 9 de diciembre de 2011

TODO ES MAÑANA


                                                                                           PARA KAREN

TODO ES MAÑANA

Hoy que todo es mañana,
el amanecer todavía no ha llegado,
las estrellas resisten,
la aurora es una ola de luz,
que silenciosa nos va alcanzando.

Cuando todo es mañana,
la rosa no es ni siquiera un pimpollo,
es un retoño tímido apenas vestido de verde,
el pájaro solo es un nido,
la fruta es un azahar en explosión perfumada,
el niño es todavía una mirada amable,
el río una tímida vertiente.

Hoy cuando todo es mañana,
no hay errores,
la frustración es un imposible,
juramos nunca estar tristes,
los sueños son certezas.

Hoy no tenemos lugar
ni en los bolsillos,
ni en el cajón de los cubiertos,
para ese “no podré”,
para el límite de nuestras aspiraciones.
para el “sentido común”,
que termina reduciendo nuestros planes.

Hoy cuando todo es mañana
no dejes que sea ayer.

© Luis Héctor Gerbaldo